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El discurso sobre el estado de la Unión 2026 de Ursula von der Leyen trajo muchas iniciativas nuevas, pero ningún cambio de rumbo. La UE se fija demasiados objetivos y tiene muy poca estrategia. La guerra en Ucrania, el nuevo shock chino y la inteligencia artificial demuestran que Europa debe ser por fin capaz de actuar estratégicamente. © European Union, 2026, CC BY 4.0, via Wikimedia Commons
El discurso sobre el «estado de la Unión» de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, volvió a poner de manifiesto el dilema de la UE: existe una brecha estratégica entre sus numerosos objetivos y su aplicación real. Una vez más se anunció toda una serie de nuevas iniciativas y programas. Sin embargo, en el pasado ha habido más bien demasiados que demasiado pocos. Al contrario, han provocado una sobrecarga económica y un debilitamiento estratégico. Ante unos desafíos complejos, la UE debe priorizar sus objetivos de forma más estratégica. De lo contrario, seguirá perdiendo eficacia y rapidez en su empeño por reforzar su competitividad y su soberanía.
Nunca la Unión Europea habría sido tan fuerte y, al mismo tiempo, tan vulnerable. Así describió la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, la situación de la UE en su discurso sobre el estado de la Unión Europea («SOTEU») pronunciado hoy ante el Parlamento Europeo. Ante los apremiantes desafíos, anunció una serie de nuevas iniciativas y expuso las posiciones normativas de la UE. Sin embargo, las dos mayores debilidades de la UE —la falta de un relato de futuro integrador y una escasa capacidad de acción estratégica— apenas se abordaron. El mayor impacto simbólico lo tuvo el anuncio de admitir a Canadá como el primer «miembro asociado» de la UE. Se hizo en presencia del primer ministro canadiense, Mark Carney, quien a principios de año había subrayado, en un discurso muy comentado en el Foro Económico Mundial de Davos, el papel de las potencias medias en un mundo de grandes potencias.
El motivo general y recurrente del discurso de von der Leyen fueron los distintos puntos de inflexión —del clima a la inteligencia artificial— y la urgencia de actuar que se deriva de ellos, para, por un lado, conjurar los grandes riesgos y, por otro, aprovechar el enorme potencial. Europa, según von der Leyen, debe definir su propio «camino europeo» y ser capaz de tomar decisiones independientes.
No obstante, el discurso de von der Leyen dejó abiertas cuestiones esenciales. Los últimos años han demostrado que la UE se ha vuelto, más bien, más vulnerable en lo económico, lo tecnológico y en materia de seguridad. Por ello, sería necesario un cambio de rumbo político. Sin embargo, este no se apreció en su intervención.
Tres desafíos decidirán si Europa recupera o sigue perdiendo capacidad de influencia económica y política en los próximos años: la guerra en Ucrania, el nuevo shock chino y el desarrollo de la inteligencia artificial.
A primera vista, estos tres desafíos parecen tener poco que ver entre sí. Pero, en realidad, apuntan al mismo problema: a Europa le falta capacidad de acción estratégica. Formular continuamente nuevos objetivos no cambia nada. Para poder alcanzar objetivos estratégicos, la UE debe actuar más como un sistema —aunque abierto— en una competencia global entre sistemas. Para ello, en última instancia, debe ganar peso en términos de política de poder.
La guerra de agresión rusa, por ejemplo, hace tiempo que no es solo una cuestión de apoyo a Kyiv. Es una prueba para la soberanía europea. La seguridad ya no puede entenderse como un complemento nacional del proyecto europeo. Es uno de sus requisitos más importantes.
Europa está viviendo un «shock chino 2.0». A diferencia del primer shock chino, hoy no se trata de bienes de consumo baratos, sino de industrias estratégicas, como la ingeniería mecánica o la industria automovilística. Europa debería prepararse ya para un «shock chino 3.0», cuando China combine su nueva fortaleza industrial con la IA y la robótica y ya no se trate solo de sectores concretos.
Europa no puede conformarse con regular la IA o fomentar a algunos campeones europeos. Lo decisivo es la difusión de la IA en todo el tejido industrial. La cuestión clave no es si Europa creará el próximo gran modelo de lenguaje mundial, sino si su industria será más productiva e innovadora gracias a la IA.
Ucrania, China y la IA conducen así a la misma conclusión: Europa debe ser capaz de actuar estratégicamente. Solo así podrán reforzarse al mismo tiempo la competitividad y la soberanía en un contexto de rivalidad geopolítica y de transformaciones tecnológicas. Durante mucho tiempo, la UE fue sobre todo un mercado, un espacio jurídico y un orden regulatorio. En el nuevo mundo, debe convertirse además en un espacio de seguridad, una plataforma tecnológica, una infraestructura energética y de datos, y un sistema de innovación.
La fortaleza estratégica no resulta simplemente de combatir las propias debilidades. Por ello, la pregunta decisiva a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, no es qué regulará o fomentará Europa a continuación, sino cómo pueden las numerosas fortalezas de Europa traducirse en una capacidad de acción sistémica y en una potencia estratégica. Para ello, la UE debe reducir su enorme complejidad regulatoria y aumentar su escasa disposición a asumir riesgos tecnológicos, a fin de aprovechar las grandes oportunidades y el potencial del futuro.
En definitiva, en estos tiempos de grandes desafíos, la UE solo puede funcionar si es económicamente fuerte. Solo así pasará de la promesa al impacto. El discurso sobre el estado de la Unión de hoy aportó poco nuevo en este sentido.
Traducido con ayuda de IA.